“El lazo que me une al otro, solo yo puedo crearlo; lo creo por el hecho de que no soy una cosa sino un proyecto de mí hacia el otro, una trascendencia. Y ese es el poder que desconoce el extranjero: ninguna posesión me es dada; pero la indiferencia extranjera del mundo tampoco me es dada: no soy una cosa sino espontaneidad que desea, que ama, que anhela, que actúa, “Ese chico no es mi hermano”. Pero si lloro por él, no es ya un extraño. Son mis lágrimas las que deciden. Nada está decidido antes de que yo decida.”
Simone De Beauvoir, “¿Para qué la acción?”